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martes, 20 de septiembre de 2011

Cadáveres explosivos

El 31 de diciembre de 1885, el New York Times publicaba en su edición una de esas noticias inquietantes que no dejan indiferente a nadie que las lee.
El efecto de desenterrar un cuerpo que llevaba diez años enterrado.

 

Esta noche nos llegaron los detalles de un hecho remarcable ocurrido en Yorkville. En 1875, James A. Watson cuya familia reside en Yorkville, vio morir a su hijo de cuatro años. En aquel momento Watson vivía en Baltimor y trabajaba como profesor en el Bryant Sadler Commercial College, y no tuvo la oportunidad de dejar el trabajo para asistir al funeral de su propio hijo. A causa de esta ausencia, tan sólo se llevó a cabo un entierro temporal, en espera su vuelta a casa para llevar a cabo el enterramiento permanente en el cementerio.

Ayer Watson llegó al cementerio para sacar a su hijo. El ataúd, un cofre metálico, fue sacado de la tumba, y el deseo natural de ver la cara de su hijo muerto y enterrado en su ausencia, llevó a Watson a pedir que se quitara el cristal que le cubría la cara. Justo cuando el enterrador estaba a punto de quitar la tapa, una gran explosión tuvo lugar, rompiendo el cristal de cuarto de pulgada en pedazos, muchos de los cuales cortaron gravemente la cara del señor Watson.

El ataúd había estado fuera de la tierra durante varios minutos cuando la explosión tuvo lugar. El informe apunta que la explosión se asemejó a un cartucho de dinamita, y que fue percibido por varias personas en la calle principal, a más de 400 metros de distancia. La cara del chico estaba en un excelente estado de preservación, así como su mortaja y las flores que tenía posadas en el pecho.

Nacemos, vivimos y morimos. Y cuando morimos, aunque nosotros ya carezcamos de cualquier tipo de consciencia, a nuestro cuerpo aún le queda un interesante camino por recorrer. Si tenemos suerte, nuestro cuerpo será incinerado y el problema se terminará en cuestión de horas, pero si los encargados de nuestro cuerpo optan por el enterramiento, la cosa se empieza a volver interesante.

Ver artículo completo en No me hagas pensar: Cadáveres explosivos.

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