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jueves, 11 de febrero de 2010

Bajo el Objetivo: "La tétrica historia de los cadáveres..."

Hoy en Bajo el Objetivo: La tétrica historia de los cadáveres en la medicina

Hoy en día si una persona quiere ser médico acude a la facultad de medicina, donde se prepara y estudia libremente sin importar su sexo, raza o religión. Realizan autopsias sin ser perseguidos por la ley cuyos cuerpos han sido donados en vida de forma libre y voluntaria, bien porque antes de fallecer la persona lo ha declarado a través de un documento o bien porque la familia del fallecido así lo ha deseado.

Hoy en día además existen muñecos anatómicos que simulan la anatomía humana. Estos muñecos se encuentran en escuelas, institutos, centros médicos... Los estudiantes de medicina, médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, etc. Le deben mucho a sus antecesores del siglo XIX, ya que gracias a ellos hoy en día la medicina puede seguir avanzando y evolucionando.

La medicina nunca fue un camino de rosas. Sólo podían estudiar medicina las personas más destacadas y de una determinada posición social. Los cadáveres escaseaban y la medicina apenas podía avanzar.

Imagino, querido lector, que esto habrá suscitado su interés y estará preguntándose de dónde sacaban los médicos de aquella época los cadáveres para estudiar medicina ¿Cómo era posible que hubiera tan poco conocimiento en aquella época? ¿Existían realmente los ladrones de cadáveres?

No se angustie, todas estas preguntas y algunas más que se han quedado en el tintero serán respondidas una por una en este reportaje titulado: Bajo el Objetivo: “La tétrica historia de los cadáveres en la medicina”.

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Un doctor examinando a una paciente mientras sus estudiantes de medicina le observan.

El Londres victoriano. Siglo XIX.

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La catedral de San Pablo en Londres.

Hoy en día vivimos bien. Y créanme cuando se lo digo. Nuestras calles están en menor o mayor medida limpias. Existe un sistema de alcantarillo y redes de túneles que impiden que nuestros restos orgánicos floten por la ciudad. Las enfermedades de trasmisión sexual están controladas o al menos existen medios que impiden que nos contagiemos. El agua que bebemos es potable y libre de enfermedades. Si estamos enfermos podemos acudir a un centro médico para que nos atiendan, con la seguridad de que lo harán todo lo que puedan por curarnos. Nuestra media de vida ronda los noventa años cuando muramos tenemos la tranquilidad de que nuestro cuerpo descansara en paz en tierra sagrada sin temor a que un “resucitador” o “ladrón de cuerpos” nos saque de nuestro ataúd y acabemos sin saberlo sobre una mesa de madera para ser examinados por un grupo de estudiantes de medicina.

Hace tres siglos la vida en Londres no era así ni mucho menos como hoy en día la conocemos. Les cito esta ciudad porque será el primer lugar en el que haremos nuestra parada para conocer cómo era por aquel entonces la vida de nuestros antepasados.

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La tasa de mortalidad en el siglo XIX era muy elevada.

En el siglo XIX la esperanza de vida de un londinense de clase media era de treinta y cuatro años. La falta de higiene, las enfermedades por trasmisión sexual, el hambre, el alcohol, los secuestros, los asesinatos y la falta de conocimientos en el mundo de la medicina hacía estragos en la población.

La muerte en aquella época era tratada de forma muy distinta. La gente estaba conciencia de que había nacido para morir más temprano que tarde.

En el Londres victoriano la superpoblación iba en aumento. Las personas que carecían de recursos económicos viajaban a Londres, que por aquel entonces era la tierra prometida en busca de un futuro mejor ya fuese para sí mismo o para su familia. El problema era que en cuanto llegaban sus sueños se hacían añicos, ya que tan ansiada tierra no era ni mucho menos mejor que lo que habían dejado atrás.

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"Se han ido" 1877 del pintor ingles Frank Holl.

La muerte y los ladrones de cadáveres.

La muerte estaba por todas partes: en cada esquina, en cada casa, en cada rincón de cualquier taberna.La muerte hacía verdaderos estragos entre la población londinense. Por lo que los cementerios estaban saturados. Tal era el número de cadáveres en descomposición que los cuerpos de estas personas eran enterrados a pocos metros de profundidad.

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El número de cuerpos era tal que se enterraban a los difuntos a tan sólo quince centímetros del suelo.

Las condiciones eran lamentables. La falta de espacio y madera para los ataúdes provocó que los cementerios fueran un semillero de enfermedades y un buen negocio para los ladrones de cadáveres.

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Dos ladrones de cadáveres.

Los ladrones de cadáveres eran personas sin escrúpulos. Solían colarse en los cementerios para desenterrar los cuerpos sin vida de las personas fallecidas y así poder vendérselos a las escuelas de medicina.

Estos criminales hicieron un buen negocio en el mercado negro, ya que muchos médicos y estudiantes se veían obligados a adquirir estos cuerpos de forma ilegal para poder ampliar así sus conocimientos en un campo que aún estaba muy poco desarrollado.

Para muchos el mercado negro de cadáveres de aquella época se convirtió en una autentica pesadilla. Muchos cementerios tuvieron que tomar medidas drásticas y crear verdaderas fortalezas bajo tierra para que así los muertos pudieran descansar en paz, pero claro, no todo el mundo podía permitirse esta clase de enterramientos.

Uno de estos cementerios fue el “West Norwood Cemetery” situado a las afueras de Londres. Fue inaugurado en 1837 y se creó con el fin de proteger a los difuntos del posible pillaje por parte de los “ladrones de cadáveres”.

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Mausoleo del comerciante griego Panayis Athanase Vagliano (1814-1902). Sus restos mortales descansan en paz en el West Norwood Cemetery.

Para un londinense de clase media, la ascensión social lo era todo. Y claro puestos a llevar una buena vida, lo mejor era irse al otro mundo de la misma manera. Solamente había un problema, y bastante preocupante ademas: tu cuerpo podría acabar sobra la mesa de autopsias en alguna de las veintiuna facultades de medicina que existían en aquella época en Londres.

A pesar de que muchos cementerios levantaron muros para proteger a sus muertos y contrataron guardias de seguridad para vigilar a los muertos y que no se colaran los ladrones de cuerpos, el mercado negro siguió en pleno auge durante mucho tiempo.

La justicia desea complacer a ambas partes: por un lado comprendía que el robo de cadáveres era un problema muy serio y por otro lado deseaba apoyar los avances de la medicina de aquella época. Por lo que la justicia siempre se encontraba entre la espada y la pared.

A pesar de que la ley penaba el robo de cadáveres, se habían levantado muros para proteger el descanso eterno de los difuntos y algunos cementerios disponían de guardianes, siempre había personas sin escrúpulos que daban el chivatazo a los ladrones y acudían ayudados por los guardias de las iglesias para robar el cuerpo de una persona que la noche anterior o ese mismo día por la mañana había sido enterrada. Claro, cierta información no era gratis y siempre conllevaba un precio, ya que si te pillaban infligiendo la ley acabarías siendo ahorcado y tu cuerpo sería donado a la ciencia. Aún así había personas que aceptaban el riesgo ya que el beneficio que les reportaba esta clase de “trabajo tan sucio” resultaba ser el que más beneficios económicos les reportaba.

La medicina y los cadáveres.

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La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (Anatomische les van Dr. Nicolaes Tulp) del pintor holandés Rembrandt, 1632.

Como ya he citado anteriormente, Londres poseía una veintena de facultades medicas. Dichas aulas de estudio necesitaban alrededor de unos mil cadáveres al año para satisfacer la demanda de alumnos que querían ser médicos. El problema era que no tenían suficientes cuerpos para todos. El robo de cadáveres era un delito que se pagaba con la muerte. Y la única forma de que las facultades obtuvieran cadáveres legales era por medio de las cárceles de la ciudad. Cuando un preso era ejecutado, su cuerpo se enviaba a la escuela de medicina. La falta y necesidad de cadáveres provocó el nacimiento de “mercado negro”. Muchas facultades se vieron obligadas a contratar los servicios de los“resucitadores” o “ladrones de cuerpos”.

Un cuerpo es sagrado y por la tanto debe de estar intacto.

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El cuerpo humano en el siglo XIX era sagrado

La creencia de muchos de que el cuerpo es algo sagrado y por la tanto debe de permanecer intacto tras su muerte sigue existiendo hoy en día. En el siglo XIX creían que un cuerpo tenía que estar intacto para que su alma entrara en el paraíso. Hoy en día, aunque esa creencia es menor medida la medicina se enfrenta a otro problema aún igual de grave, la donación de órganos tras la muerte de una persona.

La última morada: “West Norwood Cemetery”. Todo un lujo donde poder descansar eternamente en el siglo XIX.

El “West Norwood Cemetery” era el lugar perfecto para que tus restos pudieran descansar en paz. Sólo había un pequeño inconveniente, el dinero. No todos los londinenses podían tener el enterramiento que ellos hubieran podido desear, pero las personas de la elite que si que podían permitírselo eran enterrados de forma segura bajo la capilla del “West Norwood Cemetery”, la cual por cierto no es de acceso público.

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“West Norwood Cemetery”, el cementerio más exclusivo de Londres en el siglo XIX.

La capilla del “West Norwood Cemetery” resulto parcialmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que las catacumbas tuvieron que ser selladas.

Dichas catacumbas se encuentran situadas a cuatro metros y medio por debajo de la capilla, la cual alberga un total de novecientos setenta y dos cadáveres.

La forma de agrupar a tantas personas en un mismo lugar era la siguiente: los constructores de la época observaron como la abejas construían sus panales, así que decidieron seguir el mismo proceso que ellas construyendo nichos para meter los cadáveres y así ahorrar el máximo espacio posible.

Además de las zonas de almacenamiento en forma de panal, el cementerio de “West Norwood Cemetery” disponía también de catorce tumbas privadas llamadas loculi. Donde los ataúdes se apilaban sobre estantes.

Como los ataúdes eran muy pesados debido a las ornamentaciones la única forma de bajarlos a las catacumbas era utilizando la conocida tecnología funeraria, la perla de la época victoriana un catafalco hidráulico.

Un catafalco hidráulico es un gato grande que se usaba para bajar el ataúd del difunto. Este proceso era completamente silencioso. El ataúd descansaba sobre la plataforma del catafalco y cuando la ceremonia terminaba, el ataúd iba descendiendo poco a poco hasta desaparecer por completo de la vista de sus seres queridos.
Cuando el ataúd llegaba a la catacumba, era bajado de la plataforma y se le transportaba en un carro hasta la celda donde descansaría por toda la eternidad.

Sin embargo, otras personas de la época eligieron un descanso eterno algo diferente. Pues su ataúd se encuentra bajo un triple armazón seguros de que su cuerpo no acabaría en ninguna clase de anatomía forense.

Todas estas medidas de seguridad se llevaron a cabo, para proteger la integridad de los cuerpos, ya que el robo de cadáveres era el trabajo mejor pagado. Un ladrón podía llegar a ganar por un solo cuerpo en buen estado una cantidad veinte veces mayor que la de un trabajador normal. De ahí que el mercado negro fuera tan prolífico en aquella época.

Pero ¿Cómo conseguían los ladrones de cadáveres extraer un cuerpo que ya había sido enterrado?

Como ya hemos dicho, esta gente no tenía ninguna clase de reparo o escrúpulos a la hora de desenterrar a una persona. La técnica que usaban eran la siguiente.

Solían utilizar un trozo de madera para cavar en la tierra, sin hacer demasiado ruido. Solían trabajar muy deprisa. Como los cuerpos eran enterrados a poca profundidad enseguida llegaban al nivel del ataúd.

Una vez hecho esto, los ladrones, rompían el ataúd por el lado de la cabeza, de esta forma se ahorraban mucho tiempo y esfuerzo, al no tener que quitar toda la tierra de encima. Alrededor del cuello del difunto le colocaban un nudo corredizo y tiraban de el para sacarlo de su tumba.

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Un ladrón de cadáveres en un cementerio .

Los cuerpos más frescos.

Muy pronto los ladrones de cadáveres no se conformaron sólo con entregar cuerpos desenterrados, por lo que iniciaron un nuevo negocio en el mercado negro, el asesinato de seres humanos para su posterior venta a las facultades de medicina.

Una banda muy famosa en Londres dedicada al comercio de la venta de cadáveres, decidió ir más allá y no conformarse sólo con lo que ganaban vendiendo los cuerpos de los difuntos desenterrados. Estos desalmados suministraban una dosis letal de láudano (Preparación compuesta de vino blanco, opio, azafrán y otras sustancias).

Dos de los miembros de la banda fueron detenidos, juzgados y ejecutados cuando intentaron vender el cadáver de un joven al que habían asesinado y que era muy conocido en la zona.

Tras conocerse la noticia del asesinato de dicho joven la opinión pública comenzó a exigir justicia. Y este acto y asesinato marcaría así el final de comercio de cadáveres robados en Londres.

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El láudano en una dosis elevada puede ser letal.

La ley 1832

En el año 1832 se aprobó una nueva ley en la que permitían a las facultades médicas hacerse con los cadáveres de forma legal. Las escuelas recibieron así los cuerpos sin vida de 3.700 personas al año. Pero ¿De dónde sacaban a tantas personas?

La repuesta es sencilla, de los asilos de Londres.

Como nadie quería hacerse cargo de las personas que morían allí, bien por motivos económicos o bien porque la persona que había muerto estaba sola en esta vida la ciencia pensó que la mejor forma de poder ayudar era aprovechando esos cuerpos que nadie iba a reclamar. De esta forma, el mercado negro llego a su fin y los difuntos de los cementerios pudieron descansar en paz por toda la eternidad.

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Los científicos y médicos del siglo XIX acogieron de buen grado la nueva ley aprobada en 1832, que les permitía hacerse con los cadáveres de lo asilos de Londres para la investigación y el desarrollo de la ciencia.

Creame si le digo, apreciado lector, que Londres a pesar de todo no sufrió tanto como la ciudad de Edimburgo (Escocia). Dejando atrás la ciudad londinense les introduciré de lleno en la situación que vivían en aquella época los escoceses, pues ellos también padecieron el famoso mal del “robo de cadáveres”

La leyenda negra de Edimburgo.

Edimburgo no siempre fue una ciudad fácil.Su edificación siempre dio muchos problemas. El problema del espacio llevo a sus habitantes a construir dos ciudades en un mismo lugar. Una de ellas bajo tierra. Las personas más pobres fueron “enterradas en vida” bajo la nueva ciudad, convirtiendo así los barrios bajos y sótanos en una ciudad abandonada al pecado, la lujuria, el juego y todo tipo de calamidades.

Algunos datos históricos sugieren que en aquella era una ciudad sin ley. Se abrieron burdeles y tabernas donde se escondían ladrones, prostitutas, convictos, asesinos...

Aquella vieja ciudad enterrada era tan peligrosa que ningún ciudadanos decente pisaba por allí. Y la policía mucho menos, ni tan si quiera se atrevían a poner un solo pie en aquel terrible lugar. Por lo que imagínense lo que allí se podrían encontrar. Por desgracia, algunas personas se veían obligada a vivir allí.

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Edimburgo posee dos ciudades. Una de ellas bajo tierra.

En 1820, la pareja formada por William Burke y William Hare se adentraron en el negocio del robo de cadáveres.

Por aquel entonces en Edimburgo, la medicina prosperaba en “South Beach”, donde los mejores estudiantes de medicina iban allí a estudiar. Sólo que había un problema y es que el negocio de la medicina exigía que los cuerpos de las personas fallecidas estuvieran frescos para su posterior autopsia y estudio.

Al igual que sucedía en Londres, los estudiantes de medicina podían realizar la autopsia a los criminales ejecutados en Edimburgo. El problema era que no había suficientes cadáveres para todos los estudiantes. El mayor número de criminales sin ajusticiar se encontraba en los bajos fondos de Edimburgo.

Burke y Hare encontraron la forma de hacerse con un buen numero de cadáveres y venderlos a las escuelas de medicina de aquella época.

Comenzaron a asesinar a viajeros anónimos y prostitutas. Cómo eran personas desconocidas, nadie las echaría en falta.

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Dos retratos de la época divulgados de los famosos asesinos.

Pero ¿Cómo las mataban y como las transportaban sin ser vistos?

Burke y su socio pensaron que si el cuerpo presentaba algún tipo de herida, no les pagarían por el “producto” e irían inmediatamente a la cárcel donde serían juzgados y ejecutados, por lo que idearon la forma de matar a sus víctimas sin levantar sospecha. Sujetaban el cuerpo de su víctima con fuera, mientras uno de ellos le tapaba la boca y la nariz impidiendo que así pudiera respirar. Las víctimas morían asfixiadas en pocos minutos.

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Ilustración que muestra a William Burke y William Hare asesinando a una prostituta.

Después introducían el cuerpo de la víctima en un barril lleno de serrín y alcohol para que éste no se deteriorase.

Algunos historiadores afirman que los cuerpos de las personas asesinadas por Burke y Hare eran almacenados en los sótanos de “South Beach”. Las bajas temperaturas del lugar eran propicias para la conservación de los cuerpos. Además, como estaba cerca de la universidad, estos eran fáciles de transportar.

William Burke y William Hare mataron a un total de dieciséis personas. Les descubrieron cuando intentaron vender el cuerpo de una prostituta que era muy conocida por los estudiantes de aquella época.

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El día 28 de Enero de 1829 en "The Lawnmarket", Willian Burke fue ejecutado delante de 25.000 personas. Su cuerpo fue expuesto completamente desnudo durante una hora tras su muerte.

Cuando la policía detuvo a Willian Hare le propuso un trato al descubrir que no sacarían nada en claro de él tras varias horas de interrogatorio. Le dijeron que si delataba a su compañero él quedaría libre de todo cargo, y así fue como William Burke fue acusado y sentenciado. Su ejecución fue llevada a cabo el día 28 de Enero de 1829. Su piel sirvió para forrar un libro de medicina. Sus huesos fueron expuestos en el hall de la facultad de medicina donde se le practicó la autopsia.

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[b]Fotografía del esqueleto de Willian Burke. [/b]

Muchos de ustedes pesaran que esta clase de situaciones sólo se daban en el Reino Unido, pero lamento informarle, querido lector, de que no es así. Damos un pequeño salto y cruzamos todo un océano para posarnos sobre el estado de Ohio (Estados Unidos) donde la situación era muy similar y un tanto peculiar.

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Estudiantes de la primera escuela de medicina de los Estados Unidos posando junto a un cadáver. En tono de humor los estudiantes escribieron “Jack el destripador”. La foto fue tomada en 1891 (Siglo XIX).

“Los alumnos no deberán divulgar los secretos de la sala de disección o perderán el privilegio de acceder a ella”. Esta frase se escuchó por primera vez en un claustro de la Facultad de Medicina de Ohio en 1849. Pero esta advertencia no fue la única que durante mucho tiempo rondó por las aulas y que llegó a centenares de alumnos.

Al igual que sucedía en Europa, las facultades de medicina se encontraban frente a un grave problema, no había suficientes cuerpos para atender la demanda que el cuerpo estudiantil requería para sus prácticas.

Muchas universidades se vieron obligadas a contratar los servicios de los“resucitadores” o “ladrones de cadáveres”, y al igual que sucedía en Europa, muchos médicos y facultades se vieron obligados a infringir la ley por el bien de la ciencia.

Sabemos que en las escuelas facultativas de Estados Unidos los estudiantes tenían prohibido hablar de lo que se veía de puertas para dentro. Si alguien se iba de la lengua era expulsado inmediatamente y su formación académica quedaba invalidada.

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Estudiantes de medicina examinando el cuerpo sin vida de un hombre de color.

Tu propio padre en una sala de autopsias.

El estudiante de medicina John Harrison, de la facultad de Ohio, no podía creerse lo que sus ojos le estaban mostrando. En 1878 descubrió que sobre la mesa para realizar autopsias se encontraba el cuerpo sin vida de su padre, el mismo cuerpo que días antes él había enterrado. El grito que emitió el muchacho rompió el silencio del aula.

Como sucedía en Europa, los médicos norteamericanos pidieron a su gobierno que fuera más flexible con la leyes para que favorecieran a las facultades de medicina donando los cuerpos de aquellas personas que nadie quería y que habían fallecido en hospitales, pero aquellas peticiones parecían caer siempre en saco roto.

Algunos estudiantes de medicina, para costearse sus estudios, solían sobrepasar los límites de la ley convirtiéndose ellos mismos en resucitadores. El cuerpo en buen estado de una persona solía venderse en torno a unos 15 dolares (unos 10 € de nuestra época). Aunque ahora esa cantidad de dinero sería una miseria, en aquella época era una autentica fortuna.

El robo de cadáveres en los cementerios afroamericanos.

EL 79% de los cadáveres diseccionados en las facultades de medicina pertenecían a afroamericanos. En 1882, en Filadelfia, se desarticuló una banda de ladrones de cadáveres que se dedicaba a robar en los cementerios de personas afroamericanas para vender sus cuerpos a las facultades de medicina. La ley tampoco parecía favorecer mucho a las personas de color, pues incluso cuando las universidades trabajaban conforme a la ley, más de dos tercios de las personas que pasaban por la sala de autopsias eran personas de color. Estos datos fueron facilitados por el catedrático John Harley Warner.

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Las mujeres debían comportarse como los demás estudiantes.

Las mujeres y la medicina.

Poco a poco las mujeres fueron abriéndose paso en el mundo moderno. Algunas facultades ya abrían sus puertas a nuevas estudiantes. A pesar de que las disecciones eran un tanto truculentas, muchas mujeres tenía que comprometerse y actuar de forma natural como el resto de alumnos.

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Un estudiante de medicina posando con un cadáver.

La fotografía y los estudiantes de medicina.

Muchos estudiantes de medicina solían posar junto a los cadáveres. Este tipo de fotografías solían ser enviadas como tarjetas de felicitación por Pascua o por Navidades. Algunos estudiantes solían poner en el pie de las fotografiás ciertas frases con humor negro y un tanto macabro.

Para finalizar, me gustaría decir que ha sido todo un placer para mí navegar por los anales de la historia. Desde luego la medina ha evolucionando bastante y debemos estar muy agradecidos a todas aquellas personas que lo hicieron posible. Espero que este reportaje les haya servido para conocer un poco más nuestro pasado y abrir nuevas puertas a un futuro aún más prometedor.

Nos vemos en el próximo Bajo el objetivo con un nuevo trabajo titulado Bajo el objetivo: “La estación fantasma de Chamberí”.

Este reportaje ha sido escrito por: Akasha Valentine http://www.akashavalentine. com © 2010.
Las fuentes empleadas para escribir este reportaje han sido las siguientes:


http://culturaysalud.wordpress.com/ http://sobrefotos.com/http://letras-uru ... gital.com/ http://en.wikipedia.org/ http://sandraana.wordpress.com http://divaganbrujeando.blogspot.com/ht ... liurex.es/ http://www.citv.com.
http://www.edinburgh-royalmile.com/ Documental Canal Historial, http://www.edinburgh-royalmile.com.


Fuente: Akasha_Valentine (¡Mis agradecimientos a Akasha!)

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